¡Hola! La verdad es que estoy un poco nerviosa, porque esta historia es un gran experimento. No estoy ni siquiera segura de cual va a ser el título, pero se suele decir que eso es lo menos importante. Hoy publico apenas las primeras líneas, con la intención de que el comienzo no resulte pesado. Tampoco va a estar dividida por capítulos, porque sino las entradas serían interminablemente largas. ¡Espero que os guste!
Adriana llevaba horas despierta cuando sonó la alarma en su móvil. No había pegado ojo en toda la noche de los nervios. "Solo es otro colegio, solo es otro cambio más. Ya has hecho esto muchas veces" se dijo a sí misma. Aun así el nudo que tenía en el estómago no cedió. Se levantó pesadamente de la cama y empezó a prepararse. Se vistió de forma sencilla: unos tejanos algo holgados, una camiseta de los Beatles y unas deportivas. Quería pasar desapercibida. Odiaba ese primer día de clase en el que eres el centro de atención al principio para que quince minutos después se hayan cansado de ti y todo el mundo vuelva a lo que los ocupaba.
Era la quinta vez en toda su vida que tendría que pasar por aquello, y esperaba que fuera la última. Quizás el motivo de su preocupación fuese que era la primera vez que vivía en España, y cambiar de país, por alguna razón la intimidaba. Se tomó un plátano, pues estaba segura de que vomitaría algo más consistente. Se preparó un termo de café, se despidió de sus padres y salió de su casa. Se puso los auriculares y, con Snow Patrol de fondo, se metió en la boca del metro y cogió un tren para ir al instituto. Había salido pronto, odiaba llegar tarde a cualquier lado. Cuando salió del metro y llegó al centro, quedaban veinte minutos para que sonara el timbre de entrada.
El instituto era un edificio grande gris y bastante deprimente. No había cortinas en las ventanas, pero tampoco se veía mucho. Su padre le había contado que era un antiguo orfanato. "A lo mejor encuentras algo interesante allí" su padre la intentaba animar con cualquier cosa. Cogió aire, atravesó las verjas de hierro negro y caminó hacia la entrada. La entrada era espaciosa, y más colorida de lo que cabía esperar. Estaba bien iluminada y grandes paneles de noticias forraban las paredes. No había nadie aún. Entró por una puertecita a la Secretaría, donde le indicaron su clase, así que subió la escalera central hasta su clase. Caminó por interminables pasillos hasta llegar a una puerta de madera clara que tenía una placa de aluminio que rezaba "1º BACHILLERATO A", así que entró y se sentó en el pupitre más alejado del aula. Sacó su termo e intentó relajarse. Diez minutos. Cinco, cuatro, tres, dos, uno y con precisión británica, sonó el timbre y poco después empezó a llegar gente. Los dos primeros en entrar fueron un chico alto de rizos oscuros y una chica rubia también alta. Interrumpieron su animada conversación para mirarme. La chica vino hacia mí casi corriendo:
- ¡Hola!, me llamo Alejandra, ¿tú? - dijo con una amable sonrisa
Se levantó para darle la mano. - Adriana, encantada - su sonrisa era contagiosa, así que se la devolvió
- Que acento tan bonito, ¿eres extranjera?
- Sí, italiana, mi madre es italiana y mi padre es español.
- Yo me llamo Tristán - interrumpió él de repente. Le dedicó una enorme sonrisa y le estrechó la mano. - creo que a nombres inusuales gano yo - soltó una risita
- Supongo que necesitarás ayuda para orientarte y demás, ¿no? - dijo Alejandra, y sin darle tiempo a responder, siguió - Tristán y yo estaremos contigo siempre, seremos algo así como tus protectores.
Adriana no se lo podía creer, llevaba cinco minutos en aquel colegio tan poco apetecible, y ya tenía delante a dos posibles amigos. Le dio la sensación de que aquél sería un buen curso.
Pues este es el principio de mi historia sin título, ojalá os haya gustado. Aprovecho para deciros que los miércoles también publicaré entrada, o bien una reseña, o una crítica musical o alguna otra cosa. Un besito y hasta el miércoles :)
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